Si buscas en internet, vas a encontrar páginas de implantes penianos que hablan de satisfacción, de resultados y de transformación. Muy pocas te dicen qué puede salir mal.
Voy a hacer lo contrario. Las complicaciones del Himplant existen, como en cualquier cirugía, y creo que tienes derecho a conocerlas antes de decidir y no después. Un paciente informado se recupera mejor, consulta antes cuando algo no va bien y toma decisiones con las que se queda tranquilo.

Te lo voy a explicar como se lo explico a un paciente sentado frente a mí.
No, la tasa de complicaciones no es prácticamente cero
Empiezo por ahí porque es la frase que más circula en publicidad médica, y no es honesta.
El Himplant es una cirugía. Se hace en quirófano, con anestesia, con una incisión, colocando un material dentro del cuerpo. Toda cirugía tiene riesgos. Lo que sí puedo decirte con seguridad es que esos riesgos se reducen mucho con tres cosas concretas, y de eso hablo más adelante.
Cuando alguien te promete cero complicaciones, no te está dando una garantía: te está dando una señal de alarma sobre cómo trabaja.
Las complicaciones que sí pueden presentarse
Seroma
Un seroma es una acumulación de líquido en la zona operada. Es de las cosas que con más frecuencia pueden aparecer después de este tipo de cirugía y normalmente no es grave: se vigila y, cuando hace falta, se drena.
Se manifiesta como una hinchazón que no baja al ritmo esperado o como una zona que se siente con líquido al tacto. Lo importante es detectarlo a tiempo, que es justamente para lo que sirven las revisiones postoperatorias. Un seroma atendido en su momento es un trámite; uno ignorado durante semanas puede complicarse.
Infección
Es la complicación a la que más respeto le tengo, porque cuando se instala alrededor de un material implantado puede obligar a retirarlo.
Se previene con técnica estéril, con profilaxis antibiótica adecuada y —esto es clave— seleccionando bien al paciente. Alguien con diabetes descontrolada o con una infección activa en la zona no se opera hasta resolver eso. Las señales que la delatan son fiebre, enrojecimiento que crece, calor local, dolor que va en aumento o salida de material por la herida.
Problemas de cicatrización
La piel de esta zona es delgada y tiene sus particularidades. En algunos pacientes la cicatrización se retrasa o no evoluciona como esperamos.
Influye mucho el estado del tejido previo, el tabaquismo y el control de enfermedades como la diabetes. También influye algo tan simple como respetar el reposo indicado: retomar la actividad física antes de tiempo es una de las causas más frecuentes de que una herida no avance como debería.
Desplazamiento o mala posición del implante
El implante puede moverse de su posición ideal o quedar mal posicionado. Esto se traduce en un resultado estéticamente irregular, en asimetría o en molestias. Dependiendo del caso, puede requerir una corrección quirúrgica.
Es una de las razones por las que insisto tanto en las indicaciones de las primeras semanas: buena parte de la posición final se define en ese periodo, mientras el implante se integra con el tejido.
Necesidad de retirar el implante
Es el escenario que nadie quiere y que hay que nombrar. En algunos casos —una infección que no cede, una complicación que no se resuelve de otra forma— el implante tiene que retirarse. No es lo habitual, pero es una posibilidad real y forma parte del consentimiento informado que firmas antes de entrar a quirófano.
Que esté en ese documento no es un formalismo legal. Es información que mereces tener.
Qué reduce de verdad estos riesgos
Tres cosas, y ninguna es un truco de marketing:
- Una buena selección del paciente. Decidir a quién no operar, o a quién operar más adelante, es la primera medida de seguridad. Por eso escribí sobre quién no es candidato al Himplant y por qué.
- Una técnica quirúrgica adecuada. Esto incluye el entrenamiento específico en el procedimiento, no solo ser cirujano. Un implante de este tipo no se improvisa, y la curva de aprendizaje es real.
- El seguimiento postoperatorio. La mayoría de las complicaciones, atendidas a tiempo, se resuelven bien. Atendidas tarde, se complican. Esta es la parte que más subestima quien busca únicamente el precio más bajo.
Hay una cuarta que depende de ti: seguir las indicaciones. El reposo, los cuidados de la herida, los tiempos de abstinencia y de ejercicio no son sugerencias.
Qué señales no debes dejar pasar después de la cirugía
Si ya te operaste, conmigo o con otro especialista, contacta a tu cirujano si aparece:
- Fiebre
- Enrojecimiento que crece, calor local o salida de material por la herida
- Dolor que aumenta en lugar de disminuir con los días
- Inflamación que crece de forma marcada después de haber empezado a bajar
- Un cambio evidente en la posición o la forma del implante
Consultar temprano nunca está de más. Lo que sí cuesta caro es esperar a ver si se pasa solo.
La diferencia entre una molestia normal y una complicación
Vale la pena separarlas, porque mucha gente confunde el postoperatorio normal con que algo salió mal.
Es esperable que las primeras semanas haya inflamación, sensibilidad y una sensación extraña en la zona. Eso no es una complicación: es el cuerpo trabajando. Lo que va cambiando con el paso de los días es la tendencia: la inflamación baja, la molestia cede, la sensación se normaliza.
Una complicación casi siempre se delata porque rompe esa tendencia: algo que iba mejorando empieza a empeorar. Ese es el momento de llamar, no la semana siguiente.
Es la regla más útil que le puedo dar a un paciente: no te fijes en cómo te sientes hoy, fíjate en la dirección.
Preguntas que me hacen seguido
Si se retira un implante, ¿se puede volver a colocar después?
En algunos casos sí, una vez resuelto el problema que obligó a retirarlo y dando el tiempo necesario para que el tejido se recupere. Es una decisión que se toma caso por caso y con la exploración de por medio.
¿Las complicaciones aparecen de inmediato?
No todas. El seroma y la infección suelen manifestarse en las primeras semanas; un tema de posición o de resultado estético se hace evidente conforme baja la inflamación, más adelante. Por eso el seguimiento no termina a los ocho días.
¿Quién cubre una reintervención?
Es una pregunta que deberías hacer antes de operarte, en cualquier lugar donde cotices. Que la respuesta esté clara por escrito te ahorra una discusión en el peor momento posible.
En mi consulta
Cuando un paciente me pregunta por los riesgos, no le doy la versión corta. Le nombro cada complicación posible y le explico qué haríamos en cada escenario. He visto a varios relajarse justo en ese momento, porque lo que los tenía tensos no era el riesgo: era la sensación de que se lo estaban ocultando.
Y también te digo esto: un cirujano que te asegura que no puede pasar nada, o no ha operado lo suficiente, o no te está diciendo todo. La literatura de sociedades como la American Urological Association es consistente en que la selección del paciente, la técnica y el seguimiento son los factores que más mueven la aguja en los resultados de las cirugías de implante.
Entonces, ¿vale la pena?
Esa respuesta es tuya, no mía. Mi trabajo es que la tomes con la información completa: lo que el procedimiento hace, lo que no hace, lo que puede salir mal y qué tan manejable es cada escenario.
Si quieres esa conversación completa —riesgos incluidos— agenda una consulta en el Hospital Ángeles Valle Oriente o escríbeme por WhatsApp. Prefiero que decidas con todo sobre la mesa.
Dr. Pedro Madero — Urólogo oncólogo, Monterrey.




2 respuestas